En su llama mortal la
luz te envuelve.
Absorta, pálida
doliente, así situada
contra las viejas
hélices del crepúsculo
que en torno a ti da
vueltas.
Muda, mi amiga,
sola en lo solitario
de esta hora de muertes
y llena de las vidas
del fuego,
pura heredera del día
destruido.
Del sol cae un racimo
en tu vestido oscuro.
De la noche las
grandes raíces
crecen de súbito
desde tu alma,
y a lo exterior
regresan las cosas en ti ocultas,
de modo que un pueblo
pálido y azul
de ti recién nacido
se alimenta.
Oh grandiosa y
fecunda y magnética esclava
del círculo que en
negro y dorado sucede:
erguida, trata y
logra una creación tan viva
que sucumben sus
flores, y llena es de tristeza.
PABLO NERUDA

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